Goodbye

Posted in Poeticized life on 4 junio 2011 by Tito Manfred

Cuando me haya marchado de aquí y mi fría ciudad en llamas sea a duras penas la neblina moribunda de un poblado cerebral, le escribiré a la ciudad de la eterna primavera un himno digno de su gallarda estampa rastrera. Mientras tanto, en mi última noche bajo el cielo donde aprendí a volar a puras caídas, me conformo con escuchar canciones en inglés de artistas glamorosos que se despiden de metrópolis desconocidas para mí. New York cares, canta Paul Banks desde la Gran Manzana, y yo, desde mi casa en la San José, le respondo: Arica también, aunque la comparación llame a la risa. Pero se los digo ahora y no se los mando a decir con nadie, guárdense esa risita huevona. Hay que ser valiente (sí, lo sé, quizás no sea ésa la palabra) para vivir aquí, en la capital mundial de la derrota permanente, y no perder el entusiasmo. Y que conste que si yo me voy, no es por haber perdido el entusiasmo (un entusiasmo de condenado a muerte, claro). Pero ésa es otra historia. Te voy a extrañar, ciudad de mierda. Sigue contemplando como un tren descarrilado el estúpido vuelo de las aeronaves.

Oma et

Posted in Vital poetry on 23 mayo 2011 by Tito Manfred

piensa en aquellas palabras
en aquellas letras
que escribo que pronuncio
con la desesperación
de tener los brazos tan cortos
y un castellano voluminoso
pero inútil

piensa piensa
piensa en aquellas palabras
en aquellas letras
reprodúcelas mentalmente
y te darás cuenta de que
no son palabras ni son letras
sino un lugar

allí estás tú y te veo correr
feliz entre amapolas
y yo te observo recostado
sobre la hierba y te rozo
los pies desnudos
la vida no podría ser
más perfecta

piensa en aquellas palabras
en aquellas letras
escríbelas pronúncialas para mí
reprodúcelas mentalmente
tómales una foto
y llévame a ese lugar
adonde la lengua muere

Please, please, please…

Posted in Poeticized life on 10 mayo 2011 by Tito Manfred

sé que no es forma de comenzar un poema (y, a decir verdad, dudo mucho que esto sea un poema), pero te extraño tanto… creo que podría escribir un libro al respecto. pero estoy harto de escribir de la ausencia. y cuando digo la ausencia me refiero a tu lejanía y a nada más. creo que te lo dije antes, y si no, te lo digo ahora: hace un tiempo comprendí que nada me ha hecho falta en la vida excepto tú, que todo lo demás que me ha sido negado no tiene importancia alguna, que tú has sido mi única verdadera carencia. afortunadamente, también comprendí que mi sensación de orfandad (ese espejismo de terror con el que crecí) murió aquel 8 de mayo de 2009. desde entonces sé que no estoy solo en el mundo, que nunca lo estuve, que una criatura que es pura luz siempre estuvo esperando por mí. pero es difícil, ¿sabes? tenerte pero saberte tan lejos. es difícil incluso ahora que falta tan poco… ay, cómo te extraño, mi niñita… anoche escuchaba Please, Please, Please, Let Me Get What I Want, de The Smiths, y te juro que podría haber escrito los libros de toda una vida. pero estoy harto de escribir de la ausencia. y la canción se me escurrió por la frontera entre el cuerpo y el alma mientras la cantaba con la voz hecha una hebra a punto de cortarse. luego, busqué en Youtube un video del tema y lo publiqué en Facebook. en el video aparece Antoine Doinel en la secuencia final de Les Quatre Cents Coups, de François Truffaut, corriendo por el bosque hacia la playa o dibujando y escribiendo con los pies un mapa y un destino. por un momento imaginé que yo era Antoine, pero que no corría sino volaba (en realidad, lo que Antoine hace es mucho más que correr; él también vuela) y que mi destino no era la playa sino tú. es una película hermosa y yo quiero llorar. hay tanta belleza en el mundo y yo quisiera contenerla toda en mi corazón y estallar en mil pedazos. pero no puedo, pero no puedo… la belleza se me escapa y yo me siento tan pequeño. te amo, mi niñitaflor… abrázame y no me sueltes nunca, ¿ya? estoy a punto de llegar. no sé por qué te escribo todas estas cosas. perdóname si te parezco melancólico. quizás sea el clima. por las cortinas alcanzo a ver que el cielo está nublado. me asomo por la ventana para salir de dudas: sí, el cielo está nublado y el día está triste. pero ya saldrá el sol, supongo, casi siempre lo hace. de lo que estoy seguro es de que habrá un sol inmenso (con rayos rojos, muy rojos, como cabellos de flor delirante) cuando emprenda el vuelo. faltan 11 días y esto definitivamente no es un poema (:.

Campo de fresas y flores y un nido en el centro

Posted in Vital poetry on 1 mayo 2011 by Tito Manfred

me gusta jugar a que no soy yo y leo mis cosas presa del asombro, como ahora que abro el libro de Tito Manfred y caigo en una página cualquiera y desconozco el resto de la historia. imagino que una voz, que bien podría ser la voz de Tito o la voz que creo debería tener él, me aconseja no leer el resto del libro. me dice: yo ya sufrí por todos nosotros, como un Nazareno de carne y hueso, así que mejor ahórrate el dolor de los detalles y déjame contarte el resumen de la historia, una historia con final feliz. me habla de cuán difícil es llegar a la maravillosa ciudad de Tar. me dice que antes hay que morirse un poco (o mucho) y volver a nacer. me dice que antes hay que desangrarse un poco (o mucho) para tener con qué dibujar un mapa. me dice que antes hay que arrancarse los ojos, sembrarse unos nuevos y aprender a leer la cartografía con el corazón como brújula. luego me cuenta que esa parte del camino ya la hizo, que ahora va rumbo a Tar junto a su niñaflor de Lis y que están a punto de llegar. me dice que a nadie le gusta los finales felices en poesía, pero que eso a él no le importa. es primavera en mayo y soy feliz, me dice. yo también, le respondo.

Corazoncito Play-Doh

Posted in Poeticized life on 17 abril 2011 by Tito Manfred

no todo el tiempo pero ocasionalmente, cuando pienso en mi primer libro (La Danse Macabre) y en el que viene (Fría Ciudad en Llamas), y trato de calcular sin éxito el número de veces en que he escrito la palabra corazón, un terror que es pura ternura me estremece el cuerpo desde el alma misma de mis osamentas de niño muerto devuelto a la vida.

lo peor de todo –si es que cabe hablar en esos términos cuando probablemente tan sólo soy un pendejo con el pecho demasiado angosto para un corazón demasiado mórbido– es que ahora al fin entiendo algunas cosas y mi discurso se transparenta: cuando hablo del corazón hablo, en realidad, del mío y de ningún otro.

y entonces la neblina se disipa pero esta dulce pesadilla recién comienza, porque empiezo a recordar todas las mutaciones hechas desde el fondo de mi lenguaje a esta púrpura abominación que antes creí era simplemente el corazón de un muchacho triste cualquiera o el corazón del mundo descompuesto y sin salvación.

ciertamente, la realidad es otra y es terrible, aunque más de alguno piense que exagero y que nada hay de aterrador en manipular y transformar la materia por medio de la palabra. lo que es yo, la sola idea (y estaremos de acuerdo en que es mucho más que eso) me eriza los pelos y me fuerza a desear desesperamente el lenguaje de los peces.

no les miento, si digo mi corazón es la suma de todos los climas del planeta y alguno de ustedes viene a visitarme, se encontrará conmigo frente a un computador desbaratado en una casa inhabitable hecha pedazos por el agua y el viento, porque mi corazón es la suma de todos los climas del planeta, se los dije y se los digo de nuevo.

piensen en los animales del zoológico metropolitano: mi corazón ha sido cada uno de ellos. piensen en los bosques del sur de Chile y en sus árboles: mi corazón ha sido cada uno de ellos. piensen en los planetas y demás cuerpos celestes de todas las galaxias del universo: mi corazón ha sido cada uno de ellos.

alguien me llama por teléfono y pienso que podría ser mi niña. quizás no sea ella, pero es demasiado tarde: mi corazón se ha encendido como un faro e imagino a mi pequeña convertida en barquito en el mar en busca de guía. por aquí, por aquí, le digo, y mi corazón brilla como nunca antes.

Lunes otra vez

Posted in Vital poetry on 10 abril 2011 by Tito Manfred

me hundo (de hundir), y a continuación conjugo el verbo en todos sus modos y tiempos, hasta llegar al otro extremo; luego, vuelvo a caer, porque las cosas giran, según me han contado. quisiera ser capaz de ver el celeste de las cosas o resignarme al daltonismo emocional de los ojos que sembré para mirarte –que a esta altura significaría un poco lo mismo– y que las cosas dejasen de girar, pero cómo… ahora escribo el nombre de un cantautor norteamericano: Elliott Smith; lo busco en Youtube; hago clic en el primer video sugerido. sinceramente, no me gustan sus canciones, pero no hago otra cosa más que pensar en él y sus dos puñaladas en el pecho de su autoría. un vacío más grande que mi cuerpo me señala lo evidente y así dejan de girar las cosas, me digo.

Carta de amor desde el psiquiátrico

Posted in Poeticized life on 15 marzo 2011 by Tito Manfred

Arica, domingo 6 de marzo de 2011.

Mi niñitaflor:

Hola, cómo has estado. Sé que no muy bien (y no necesito que nadie me lo diga; me basta con mirar desde mi encierro el cielo que compartimos) y que es por mi culpa. Nunca voy a perdonarme lo que te he hecho sufrir este último tiempo y esta última semana, en particular. Te lo he dicho siempre y te lo digo ahora, a gritos, para que alcances a escucharme y no lo olvides nunca: tú has sido únicamente luz en mi vida, la exclusiva luz que he tenido en toda mi existencia, la más bella, mágica y maravillosa (y poco me importa si sueno cursi, si cursis son las verdades de mi cursi corazón)… y no te mereces las penitas que te he hecho pasar.

Qué terribles se me hacen las palabras cuando todo lo que quiero es sanarme de ellas y prescindir de su uso a perpetuidad, pero la distancia, ay, la distancia… Te amo… y mientras lo siento y lo escribo, no puedo hacer otra cosa más que llorar y llorar y llorar… y así se me podría ir la vida entera, ¿sabes?, porque esto que siento e inunda mi corazón (que es tan tuyo) es infinito como el suspiro que cruza mi boca desde el día en que te vi por primera vez y me quedé en tus ojos para siempre. Pero no te preocupes, este llanto no es de tristeza ni desconsuelo, sino la suma de todas las maravillas que me haces sentir, la fenomenología púrpura de mi felicidad. Tú no sabes, mi chiquitita… tú no sabes la magnitud incalculable del amor que siento por ti, pero si me lo permites, me pasaré toda la vida haciendo cositas que te hagan feliz, para que así te hagas una idea de cuánto te amo. Y lloro y no dejo de llorar dichoso de mi fortuna, y es que me siento tan pequeñito al lado de lo que siento por mi dulce niña, al lado de esto que crece y crece dentro de mi pecho y que agiganta el atentado rojo que tengo por corazón hasta un tamaño que jamás creí podría alcanzar.

Perdóname, amor mío, perdóname, ¿ya? Perdóname por última vez y te juro que no volveré a desilusionarte ni a descuidar la Vía Láctea que estaba construyendo para ti hasta el día en que perdí el control de nuestra navecita delirante. Créeme que el infierno que he vivido esta semana no ha sido en vano y he podido pensar hasta el agotamiento, revisar minuciosamente cada pasaje oscuro de mi historia, escarbar en las zonas de mi mente adonde el resplandor aún no llega, hacer un inventario de mis averías y echar luces sobre cada una de las embarradas que he cometido en mi vida y, principalmente, contigo (tú eres mi vida). He visto con horror todas las brutalidades que he hecho y lo miserable que he sido contigo, y no hablo sólo del último tiempo sino de toda nuestra historia. Estos siete meses juntitos (aunque lo hemos estado desde siempre) han sido los más felices de nuestra vida, pero aun así me he equivocado muchas veces y te he lastimado, y eso no me lo perdono ni me lo perdonaré nunca, porque la niñita más hermosa y maravillosa del universo (que no es una exageración sino la simple enunciación de una verdad, como quien dice: “tengo sangre en las venas”) sólo merece luz, pero si me das otra oportunidad, ten por seguro que me dedicaré a enmendar mis errores, a ser un mejor novio y a hacerte aun más feliz de lo que fuiste hasta antes que mi cabeza echara a perder las cosas. Ya tomé conciencia de los desperfectos del espanto sobre mi cuello y estoy siendo tratado, y sé que con fuerza de voluntad y, sobre todo, con nuestro amor, más temprano que tarde me convertiré en una mejor persona y seré tu felicidad nuevamente (y si insisto en esto último es simplemente porque si vine a este mundo fue para amarte y hacerte feliz).

Pronto llegarán mis papás a la visita de 14:30 a 15:30, y si bien verlos me da mucha alegría y me da fuerzas para sobrellevar la pesadilla de estar acá, mi mayor ansia es saber si mi mamá te llamó y te leyó la cartita que te mandé con ella ayer. También espero con ansiedad el mensajito que quizás me enviaste con ella. Necesito saber y sentir que todavía me amas (aunque mi corazón, que con el tuyo hacen uno, galopa más fuerte que nunca, y eso lo dice todo); que sigo siendo tu todito, tu niñitopájaro y el amor de tu vida; que sigues teniendo, al igual que yo, el recuerdo de un futuro cercano en que tenemos nuestra casita, nuestra familia, nuestros hijitos, nuestras mascotas y nuestra vida juntitos para siempre; que seguimos siendo UNO…

Lo más probable es que mañana me den el alta médica, y lo primero que haré cuando recobre la libertad y salga de este sanatario en que tu recuerdo ha sido mi principal compañía, será llamarte, mi pequeñita. Te extraño tanto, no sabes cuánto… y extraño tu vocecita cuyo recuerdo ha sido mi música durante estos días de terror y aprendizaje. No veo la hora de salir de aquí y retomar nuestro amor desde donde quedó cuando por mi culpa nos extraviamos por un instante.

Antes de despedirme, no puedo dejar de decirte una vez más que te amo y que te amo más que a nada en el mundo y que así será por/para siempre, por el resto de nuestra vida. Créeme que ya pasó lo peor y ahora sólo nos espera la felicidad más plena y luminosa y una vida entera justos amándonos hasta viejitos. Confía en mí, mi niñitaflor, y verás que dedicaré el resto de mi vida a amarte, a hacerte feliz y a sanar una a una todas las heridas que te hice en tu corazoncito mío.

Tuyo siempre,
Tu niñitopájaro.

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