Corazoncito Play-Doh

no todo el tiempo pero ocasionalmente, cuando pienso en mi primer libro (La Danse Macabre) y en el que viene (Fría Ciudad en Llamas), y trato de calcular sin éxito el número de veces en que he escrito la palabra corazón, un terror que es pura ternura me estremece el cuerpo desde el alma misma de mis osamentas de niño muerto devuelto a la vida.

lo peor de todo –si es que cabe hablar en esos términos cuando probablemente tan sólo soy un pendejo con el pecho demasiado angosto para un corazón demasiado mórbido– es que ahora al fin entiendo algunas cosas y mi discurso se transparenta: cuando hablo del corazón hablo, en realidad, del mío y de ningún otro.

y entonces la neblina se disipa pero esta dulce pesadilla recién comienza, porque empiezo a recordar todas las mutaciones hechas desde el fondo de mi lenguaje a esta púrpura abominación que antes creí era simplemente el corazón de un muchacho triste cualquiera o el corazón del mundo descompuesto y sin salvación.

ciertamente, la realidad es otra y es terrible, aunque más de alguno piense que exagero y que nada hay de aterrador en manipular y transformar la materia por medio de la palabra. lo que es yo, la sola idea (y estaremos de acuerdo en que es mucho más que eso) me eriza los pelos y me fuerza a desear desesperamente el lenguaje de los peces.

no les miento, si digo mi corazón es la suma de todos los climas del planeta y alguno de ustedes viene a visitarme, se encontrará conmigo frente a un computador desbaratado en una casa inhabitable hecha pedazos por el agua y el viento, porque mi corazón es la suma de todos los climas del planeta, se los dije y se los digo de nuevo.

piensen en los animales del zoológico metropolitano: mi corazón ha sido cada uno de ellos. piensen en los bosques del sur de Chile y en sus árboles: mi corazón ha sido cada uno de ellos. piensen en los planetas y demás cuerpos celestes de todas las galaxias del universo: mi corazón ha sido cada uno de ellos.

alguien me llama por teléfono y pienso que podría ser mi niña. quizás no sea ella, pero es demasiado tarde: mi corazón se ha encendido como un faro e imagino a mi pequeña convertida en barquito en el mar en busca de guía. por aquí, por aquí, le digo, y mi corazón brilla como nunca antes.

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